El Blog de Emilio Matei

miércoles, 18 de julio de 2012

Los miedos bipolares


Las cruzadas de la boludez II


Zambullida en el río
El ecologismo, interpretado como conciencia más o menos esotérica de la necesidad de la conservación de la naturaleza, y la contaminación, se llevan muy bien. No podría haber la una sin la otra, el Ying y el Yang ¿viste? Entonces, para poder sentirse seriamente ecológico debemos enfrentar una contaminación fea, mala y creciente, como en el agua de las islas del Delta del Río Paraná. ¡Qué felicidad para nuestra buena conciencia!
Que el río Tigre es una cloaca a cielo abierto, no cabe duda. Pero qué pasa si nos alejamos de la costa del continente, digamos, quinientos metros, y nos internamos por los riachos.
La respuesta es que depende, depende de lo que se quiera hacer. Si lo que se busca es justificar una nueva cruzada de la boludez, se puede decir que el agua está muy contaminada y organizar una manifestación que, por cierto, no puede ser un sit in porque sentarse en el agua no da; si lo que se quiere es que los chicos no jodan en verano, mejor olvidarlo y dejar que se bañen durante horas. Cuánta agua toma alguien que juega en el agua y cuánto puede hacer mal, no está en el temario. Total, salvo en condiciones muy especiales e inusuales, no hay ningún resultado evidente de la contaminación orgánica. Los chicos salen temblando del agua, como lo hacen del agua de cualquier parte del mundo, y no suelen tener enfermedades de la piel, conjuntivitis, otitis y otras molestias producto inmediato y clásico de la convivencia con las aguas contaminadas.
Riñones
Pero siempre quedan los metales pesados. Malditos metales pesados. Lástima que no pude encontrar ninguna información concreta sobre su presencia y su concentración. Deben ser como las brujas, que no existen pero que las hay, las hay.
Insistiendo un poco más con este tema y tal vez repitiéndome, los blogs y foros de Internet están llenos de quejas por la contaminación y las dificultades para conseguir agua potable en las islas. La recomendación más frecuente es la de traer agua en botellas ya que por más que se filtre o potabilice el agua del río, siempre quedan los metales pesados. Pero de prohibir a lo chicos que se bañen, no se toca el tema.

Dorado a la parrilla
Es posible que las aguas estén contaminadas y es posible que los metales pesados se vayan acumulando subrepticiamente en nuestros riñones, hígado y otras viseras importantes. Pero seamos coherentes. O nos bancamos al mercurio, al plomo y al cadmio y a otras tantas otras porquerías metálicas y pesadas, o sacamos a los chicos del agua y nos dedicamos a comer carne vacuna con antibióticos, porotos de soja al glifosato, y abandonamos al dorado y a la boga a la parrilla, cosa que no está tan mal a ver si mejora un poco la pesca.

Sí alguien encuentra un aspecto partidario y mal intencionado en este comentario, le doy la razón. Los ecologistas fundamentalistas y esotericoides me tiene podrido. Me quedo con el criterio del escritor Norman Mailer, en Caníbales y Cristianos, cuando dice que la sensiblería es la forma de demostrar sentimientos de la gente que no los tiene.
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Nota: En la foto titulada Dorado a la parrilla  al observador experimentado no se le escapará que se testimonia el proceso de desplazamiento del consumo de los peces contaminados al consumo de los estériles y ecológicos chorizos. Todavía estamos viviendo el proceso de transculturación y esta foto es sumamente significativa al testimoniar el devenir de un proceso histórico inevitable: la reocupación de un nicho ecológico preexistente por una nueva especie mejor adaptada. Una prueba más de la homeóstasis como constante de la naturaleza y base de los estudios ecológicos. La omisión de referencias a Nietzsche, Heideger y Borges,  y a la mecánica cuántica, es voluntaria. Al fin de cuentas esta no es una tesis de doctorado.

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